dijous, 17 de juliol de 2008

EL ROSTRO DE CRISTO


La imagen del famoso sudario de Turín, ¿fue hecha por el cuerpo de Cristo o no
es más que una falsificación de un pintor medieval? Relatamos aquí la historia de la más controvertida de las reliquias.Durante las Cruzadas y los años inmediatamente posteriores, los monjes mendicantes recorrían Europa vendiendo objetos que, según decían, provenían de Tierra Santa. Supuestas reliquias procedentes de la Iglesia primitiva. Entre las que han quedado registradas figuran los nudillos de San Pedro, las flechas que mataron a San Sebastián, retazos del manto de la Virgen y migas resecas de la última Cena. La misma ubicuidad de algunos de estos objetos convirtió a la Iglesia en un hazmerreír y proporcionó argumentos a Martín Lutero y a Calvino. Se dice que, repartidas por las iglesias de Italia, España y el sur de Francia, aún quedan las suficientes astillas de la Cruz como para formar un bosque bastante grande.No es raro, pues, que la Iglesia Católica se fuese mostrando desconfiada, si no hostil, ante estos objetos, y a fines del siglo XIX el Vaticano proclamó que ninguna reliquia, «así sea la más sagrada de la cristiandad», podía ser considerada auténtica.Este escueto edicto fue promulgado para contrarrestar la extraordinaria afirmación, por parte de un científico y agnóstico francés, de que un pedazo de tela conocido como el Santo Sudario de Turín era el genuino sudario de Cristo. Pero la reputación del doctor Yves Delage era tal que la ciencia se hizo cargo del tema donde lo abandonó la superstición, y durante los últimos 80 años se han venido realizando intentos para descubrir el misterio del lienzo, culminando con el Proyecto de Investigación del Sudario de Turín en octubre de 1978.Durante cinco días la tela sufrió una serie de pruebas exhaustivas en las que unos 40 reputados científicos utilizaron instrumentos propios de la era espacial. Y aunque todavía no se ha publicado un resumen completo de su trabajo, es evidente que el proyecto ha respondido a algunas preguntas, pero ha planteado otras aún más sorprendentes.El Santo Sudario de Turín es un lienzorectangular de 4 m de longitud por 1 m de anchura. En su superficie puede apreciarse la impresión amarillento parduzca de un cuerpo humano desnudo y con barba. Unas manchas oscuras, que se consideran de sangre, se superponen a la figura, sobre todo en la cabeza, las muñecas, los pies y el costado izquierdo. En la tela aparecen imágenes de la parte anterior y posterior del cuerpo, articuladas, por así decirlo, en la coronilla, provista de una especie de corona de laurel.La primera mención probable del sudario tuvo lugar en 1203, cuando el cronista Robert de Clari escribió que el año precedente, durante el saqueo de Constantinopla por los caballeros cristianos, en la cuarta Cruzada, había visto un sydoineUnos 150 años después apareció la primera mención fidedigna del actual sudario de Turín, y todo parece indicar que se trataba del que había visto Robert de Clari. La tela estaba en posesión de un caballero con pocos escrúpulos llamado Geoffrey de Charney, señor de la ciudad francesa de Lirey. En 1389 la fama de la reliquia era tal que su propietario decidió exhibirla por dinero, actitud que produjo numerosos celos en la vecindad, ya que en aquella época las reliquias populares escaseaban y los ingresos que podían significar eran considerables. Bien fuera por simples celos, o bien por motivos honorables, el obispo de Troyes se quejó al papa Clemente VII de Aviñón del negocio de Charney, y su versión constituyó el punto de partida de la acusación que se ha hecho con más frecuencia al sudario: que era una falsificación, una obra... «astutamente pintada, según declara el artista que lo realizó».Al parecer, el papa Clemente debió de encontrar algo endeble la argumentación del obispo, pues decidió que el sudario podía ser exhibido como objeto de devoción, aunque no fuera necesariamente una reliquia «auténtica». (sudario) que llevaba «la figura de Nuestro Señor». Desgraciadamente, decía, había desaparecido en el tumulto.